La Noria

La Noria

La publicación en los últimos meses de dos estudios sobre el pequeño ser de aspecto peculiar encontrado en la aldea de La Noria, en pleno desierto de Atacama (Chile), ha agitado el debate ético acerca cómo debe abordarse el tratamiento de restos humanos, tanto en el marco legal como en la propia metodología a seguir para la manipulación, análisis y la extracción de conclusiones a partir de un estudio genético. 

En primer lugar “Genome Research” publicó un trabajo conjunto de la Universidad de Stanford y la Universidad de California en San Francisco llevado a cabo para verificar el origen humano de los restos, así como la explicación acerca de su morfología y tamaño.  Este grupo concluyó que se trataba de una niña que sufrió una serie desafortunada de raras mutaciones genéticas, que no le permitieron vivir más allá de unos años tras su nacimiento (a pesar de su tamaño extraordinariamente pequeño).

Meses después, otro estudio llevado a cabo por Universidad de Otago en Nueva Zelanda, publicado en “International Journal of Paleopathology”, ha descalificado duramente los resultados del estudio anterior, poniendo en duda todo el trabajo, desde el planteamiento y la forma en que se han conducido con los restos del niño, hasta las dudosas correlaciones que desde Stanford y San Francisco han realizado sobre la base del estudio de sus genes.

Los autores del segundo estudio concluyen, a diferencia del primero,  que se trata de un feto normal de unas quince semanas, y que la extraña morfología se debe a causas circunstanciales.

Resaltan que, desde el momento que se identifican los restos como humanos, no se debería continuar trabajando sin ponerlo en conocimiento de las autoridades chilenas, y que lo sucedido se desvía de una praxis ética y sensible, ademas de mostrar una ignorancia total acerca de las leyes aplicables a los estudios de esta naturaleza. 

En el resumen del artículo consideran lo sucedido un caso de estudio acerca de “la importancia de utilizar un enfoque antropológico para la investigación de ADN en restos humanos.”

También pide que no se relajen los métodos de evaluación por parte de revistas de primer orden, que se suponen sometidas a un estricto control ético y científico, que no debe bajar el listón a pesar de que puedan provenir  de fuentes serias y reputadas. 

La palabra Noria tiene su origen en una forma antigua del árabe derivada del verbo “chirriar”. No hay duda de que el grupo de investigadores neozelandeses de la Universidad de Otago ha dado un serio toque de atención a las prestigiosas universidades norteamericanas. Habrá que estar pendientes de su réplica.  

Judith de Jorge expone muy bien lo sucedido en éste artículo publicado recientemente en “ABC” 

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