“Useless People Class”

“Useless People Class”

Una de las mayores amenazas que se ciernen sobre el devenir de la sociedad humana en las próximas décadas es, según los expertos, la eliminación o sustitución de labores realizadas por seres humanos, que a partir de cierto momento serán responsabilidad de un sistema autónomo artificial. Esto ocurrirá bien por sustitución directa del trabajador (robots, máquinas calculadoras, sistemas expertos…) o bien por la obsolescencia de la tarea desempeñada (cambio en la gestión de transacciones a redes blockchain).

La cuestión es que la relevancia de las personas en el sostenimiento de la comunidad ya no se dará por supuesta y que el modelo actual, y que se supone el elemento de cohesión que dió lugar a la formación de las primeras civilizaciones ‘unámonos y complementemos nuestras habilidades” sufrirá una importante crisis.

Niña Vietnamita en Malasia (1980, Benjamin Gimmel)

En este contexto, algunos pensadores alertan del riesgo de un nuevo movimiento eugenético no movido por el origen genético del individuo o la pertenencia a un pueblo considerado enemigo. En esta ocasión se trata de señalar a aquellos individuos que no tienen nada que aportar al modelo social.

Algunos dicen que esto ya ha comenzado de forma sutil. El natural miedo a que la inmigración incontrolada pueda afectar a nuestro acervo cultural y estado del bienestar nos mueve a bloquear o entorpecer el acceso por las fronteras entre Europa y África. Al mismo tiempo, estos inmigrantes forman una costra de renegados que han despreciado sus paises de origen, donde ya no son bien recibidos, si es que no han huído de ellos por motivos políticos.

Como consecuencia, se va formando una clase social, amalgama de individuos con una infinidad de casuísticas y problemas, que es vista con cierta compasión por Occidente, pero frente a la cual no hay una respuesta clara. 

Estas “personas sin utilidad” se acumulan en ghettos, franjas limítrofes a merced de las mafias, o campos de refugiados. Identificados con la etiqueta de inmigrante irregular, van perdiendo de forma lenta y progresiva algo de su humanidad, la suficiente para que, en una sociedad de base cultural judeo-cristiana que dice querer preservar sus raíces, no tengamos que sentirnos responsables de dar una respuesta a sus problemas.

Supongo que el problema de base es siempre el mismo, cambiará el número de afectados, el dolor producido y la crueldad o bondad que se aplique para solucionarlo.

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