Vigilando al vigilante… y a sus parientes.

Vigilando al vigilante… y a sus parientes.

El pasado 24 de Abril la policía de California lograba identificar y detener -tras cuatro décadas de búsqueda infructuosa – al presunto autor de cuarenta y siete violaciones y doce asesinatos.

En cuarenta años las únicas evidencias sólidas que se obtuvieron fueron algunos restos de ADN, aunque en esta ocasión parecía ser una pista sin salida, ya que no se encontraron correspondencias con ninguna de las huellas que la policía analiza y almacena de todos los hombres y mujeres detenidos y fichados desde principios de la década de los 80.

JJ Deangelo, retrato robot y foto policial tras su detención.

Finalmente, y de forma extraoficial, un detective privado al borde de la jubilación introdujo este ADN en una plataforma de búsqueda de parientes y estudio del linaje a través de marcadores genéticos… y una luz se encendió: un probable pariente.

A partir de ese momento, y tirando del hilo, se ha podido avanzar hasta la completa identificación y detención del sospechoso, un policía jubilado septuagenario.

La captura es sin duda una gran noticia, pero está suscitando un debate a múltiples bandas donde se mezclan varias polémicas de gran actualidad: Utilización de información cruzada con redes sociales y fuentes de diversa finalidad, responsabilidad y consecuencias de ceder nuestra huella de ADN, o la limitación de la libertad a cambio de seguridad. En definitiva cabe preguntarse si el fin justifica los medios, e incluso si los medios disponibles justifican el fin.

Además se ha dado aquí la paradoja de ‘quién vigila al vigilante’, ya que el culpable ha resultado ser un policía de la zona en la que se produjeron la mayoría de crímenes.

Seven (1998) ya muestra un ejemplo temprano de análisis de información masiva aplicado de forma irregular en la identificación de un sospechoso. La inteligencia e intuición del detective interpretado por M. Freeman le sirven para construir un perfil de lector a partir de las pruebas y tratar así de buscar coincidencias en las bases de datos secretas que el gobierno gestiona, a partir de los préstamos de libros marcados por su temática más o menos perturbadora del orden social. De esta forma se consigue un seguimiento a los lectores potencialmente sediciosos o psicópatas.

La eficacia es tal que sorprende al villano, que no esperaba ser identificado tan pronto a pesar de su tremenda inteligencia.

En este caso no ha sido precisamente pronto, aunque sin duda por esa misma razón el asesino se ha sorprendido al ser cazado cuando creía que permanecería a salvo de la justicia.

Debemos reflexionar sobre esta problemática, porque no es un caso aislado, más bien ha servido para traer a la luz casos similares en EE.UU, Reino Unido o Francia. 

Esta aplicación del análisis de ADN, una evolución de la que ya se aplica con éxito en criminalística – y que conocemos bien gracias a las series de televisión y películas – tendrá que ser contemplada y regulada con más definición de forma inminente.

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